sábado, agosto 08, 2009

Me duele tanto amor…

Envidio a los que pueden retornar al abrazo materno como si fuera la primera vez. Envidio a los que pueden decir “Ma” o “Vieja” sin usar verbos en pasado lejano. Envidio a los que tienen la casa con olor a comida de mamá…

Los envidio porque yo no tengo y lo que tuve fue demasiado fugaz. Porque los “Te amo, ma” no la hicieron inmortal. Hice y dije todo pero eso no me consuela si nada fue suficiente para curar su cuerpo canceroso y retener su espíritu volátil.

Me molesta y casi duele no poder compartir cosas con ella, tener un ida y vuelta y no sólo una ida hacia no sé dónde pero que se aleja tanto que me deja saborear la soledad. Tiene sabor a lágrimas. A ojos vidriosos.
A veces me vuelvo mezquina y no comparto mis cosas, pero nadie entiende que no es por avaricia, sólo son cosas entre ella y yo. No busco ni encontraré un sostén como ella. Me indagan, me preguntan, me invaden y golpean mis puertas, entonces respondo “Lo quiero hablar con mamá” y por dentro pronuncio mis monólogos y aprieto el corazón esperando una respuesta, nada verbal… sólo sentir sus manos perfectas otra vez.

No tengo dónde volver. Cuando era chica me gustaba meterme en la cama mientras ella seguía acostada y abrazarme a su panza. Creo que siempre quise volver ahí. La abrazaba y pegaba mi oreja a ella, escuchaba su cuerpo, su voz retumbando en él. Lo hice hasta el último día que estuvo en casa, pero no por querer volver sino por no dejarla partir.

No me imagino qué dice del trío que dejó llorando ese frío día de verano, no puedo imaginar qué siente (Si es que lo hace) cuando me ve plegándome sobre mi propio cuerpo por los retorcijones del abandono.

Sólo quiero volver.

Fernanda

"Dónde guardo" Alejandro Filio.